jueves 18 de marzo de 2010

¿Podemos prescindir del crimen organizado?

Que yo sepa, el pensamiento occidental nunca ha aceptado que una cosa sea, a la vez, ella misma y su contraria. De hecho, el materialismo dialéctico acepta la síntesis como superación de contrarios, pero no la coexistencia entre ellos como partes complementarias e indisolubles de un mismo ser. Hay que acudir al taoísmo para que esa coexistencia adquiera su debido prestigio intelectual, aunque es tan fuerte y tan arrogante la visión occidental del mundo que todavía para muchos el yin y el yang es cosa de pirados y su ideograma, el "taijitu", no es más que un cuadrito de Manolo Barbadillo o la representación de un coso taurino con su sol y sombra. Con frecuencia la filosofía, al remontar el vuelo de la especulación intelectual, se desvincula de unas ciencias sociales apegadas a los problemas de nuestra cotidianeidad, reales como la vida misma. Pero ninguna quiere admitir que las normas sobre las que se basa nuestra convivencia social son esencialmente contradictorias, y además así lo han sido siempre, luego no es cosa de conculcar lo que durante tantos siglos ha funcionado estupendamente.
La salud del sistema se basa en que la sociedad reprima todo aquello que al mismo tiempo tolere. Los graneros de la cocaína son afanosamente perseguidos por Estados Unidos, el mayor consumidor del mundo de la "dama blanca". El tráfico de mujeres es un crimen que aboca en la sordidez de la prostitución callejera, por cuya regulación se clama, admitiendo implícitamente su necesidad. En los estancos se vende un producto que puede matarnos, según se advierte en cajetillas de curso legal, una forma de suicidio tan consentida como prohibida está la eutanasia. Las bombas para la paz son con frecuencia rociadas con agua bendita antes de dar en el blanco masacrando objetivos civiles. Una y otra vez los políticos prometen un sistema de financiación autonómico definitivo, pero las diferencias estatutarias hacen de la inestabilidad su equilibrio...y así podríamos llenar esta página.
El último ejemplo de lo que decimos es el macrojuicio de la "Ballena Blanca". Es un caso lacerante del sistema enfrentado a su propia contradicción. Los abogados de los acusados en la trama de blanqueo de dinero negro ya han amañado un buen titular: de ballena blanca hemos pasado a chanquete blanco, ante la inconsistencia de las pruebas y los excesos mediáticos de la UDYCO. No creo equivocarme si digo que, cada minuto que pase, la estrategia de la defensa irá haciendo aparecer a los fiscales como acusados y los acusados como fiscales, consciente de que este juicio toca puntos sensibles del sistema sobre el que estamos asentados. En síntesis, la trama de guante blanco ha lavado miles de millones de dinero negro procedente del lado oscuro del mundo, de los infiernos de la droga, el crimen, la extorsión, la prostitución y el tráfico de armas: ese mundo con licencia para matar oculto bajo una civilidad celosamente preservada. Los Estados se lamentan de que unas cantidades equiparables al PIB español eludan su fiscalización con el inestimable concurso de bancos respetables que mantienen sucursales "off-shores" en paraísos fiscales, empresas mercantiles fantasmas radicadas en esos paraísos tolerados, y testaferros de impoluta reputación que mueven ese dinero en enrevesados movimientos que suelen acabar en edificios, obras de arte y coches de alta gama. Pero al mismo tiempo esos Estados saben que el blanqueo de este dinero criminal es una forma "razonable" de que, al menos, una parte de él regrese a la normalidad del sistema: no es cosa de insistir mucho en su procedencia si algo retorna al redil de las arcas del Estado, sobre todo cuando economías enteras se alimentan en racimo del fruto de ese retorno. Si seguimos con este argumento, la cada vez más menguante trama de distinguidos imputados habrá hecho, encima, un favor a la sociedad.
No indaguemos demasiado. No indaguemos mucho en una Costa del Sol nutriente de una prosperidad despeñada por la crisis. No indaguemos más de la cuenta en qué ciénagas hunde sus cimientos un modelo económico que todo el mundo centra en el ladrillo, sin reparar en el ingente planeta del llamado sector terciario que gira en torno a él: intermediarios, asesores, hosteleros, restauradores, arquitectos, abogados, notarios, ingenierías técnicas, clínicas privadas, artistas plásticos, comisionistas, prensa rosa, generadores de problemas, solucionadores de problemas...qué se yo: imaginémonos por un momento todo lo que ha podido inducir en nuestra región un sector inmobiliario de ignota procedencia. Imaginemos por un momento cómo podremos llenar de gente la flamante terminal T3 si le cortamos los nudos a esta red.
No podemos. Los líderes del G-20 y esos ministros reunidos en Málaga no están dispuestos a destensar una red que puede provocar la contracción de los PIB de los principales países ricos. La refundación moral del capitalismo queda aún lejos como para acabar, por ejemplo, con los paraísos fiscales. El dinero es el dinero, y si sus principales manaderos son negros, lo que hay que hacer es blanquearlos y punto. Lo blanco no es más que la otra cara de lo negro. El yin y el yang.
Alguien notorio dijo en la pasada crisis que la economía sumergida gozaba en España de buena salud. ¿Tendríamos que decir ahora que, gracias a Dios y a la Ballena Blanca, también goza de buena salud el crimen organizado?
Salvador Moreno Peralta

4 comentarios:

Holden dijo...

Pensaba que estaba usted diciendo que otro mundo no es posible. Pero creo que, finalmente, dice que sí, y me alegro. El comienzo de su escrito da para pensar y, no parece fácil de digerir. Un saludo

Salvador Moreno Peralta dijo...

Como ya se habrá dado cuenta, amigo Holden, todo se refiere a la intrínseca hipocresía del sistema...y cómo, tapándonos la nariz, boca y oídos, aceptamos sus brutales contradicciones sin rechistar. Pero hay que rebelarse contra eso, al menos íntimamente. Saludos.

Holden dijo...

El sistema, fruto de lo humano, como éste, es un nido de contradicciones y no cabe sino aprender a convivir con ellas. Ahora bien, no hay que perder de vista el objetivo: vivir muchos y maravillosos años; esto sólo podremos conseguirlo entre todos, ganando la única revolución a nuestro a alcance, lo que depende de nosotros: nuestro comportamiento. Un agradecido saludo, señor Salvador.

Holden dijo...

El sistema, fruto de lo humano, como éste, es un nido de contradicciones y no cabe sino aprender a convivir con ellas. Ahora bien, no hay que perder de vista el objetivo: vivir muchos y maravillosos años; esto sólo podremos conseguirlo entre todos, ganando la única revolución a nuestro a alcance, la que depende de nosotros: nuestro comportamiento. Un agradecido saludo, señor Salvador.