martes 6 de abril de 2010

La culpa de los inocentes

En el mundo de la comunicación, el suceso inusual es la materia de la que están hechas las noticias, lo que ya de por sí precisa de una realidad perturbada, subiendo las audiencias mientras mayor sea la magnitud del trastorno. Los que aún leemos la prensa escrita nos nutrimos de desgracias y escándalos, aún a riesgo de que perdamos la capacidad de escandalizarnos y se hunda el negocio. Existe una realidad subjetiva, que es la que se fabrica particularmente cada uno, y otra realidad, la mediática, objetivada en el contenido común de los miles de ejemplares que componen la tirada diaria de los periódicos. No es cosa de discutir sobre la objetividad de éstos. Sabido es que, a diferencia de otras formas de lectura, la de un periódico es un acto de afirmación, de manera que consideramos objetivo al diario que es de nuestra cuerda y tendencioso al que no lo es. Pero en algo coinciden todos: en aquella parte de la realidad que escapa a la ambigüedad interpretativa, como es la barbarie absoluta del atentado terrorista, la brutal violencia de género o la obscenidad sin paliativos de las corrupciones político-económicas. Hemos perdido ya la cuenta de estas últimas- Astapa, Ballena Blanca, Malaya, Palma Arena, etc- sumarios a los que parece habérseles puesto nombres sucesivos, como a los huracanes. Su profusión hace que abrir hoy un periódico sea como destapar el ataúd de un cadáver maloliente, pero lo grave es que nuestro olfato narcotizado se haya acostumbrado al hedor y que la basura de esa otra realidad, la que traduce la prensa, sea un componente natural del ecosistema en que vivimos.
Aunque pueda parecer milagroso, el Estado de Derecho funciona; funciona desde el momento en que los casos de corrupción se denuncian, y los "presuntos" suelen acabar en el banquillo certificando la victoria del bien sobre el mal, como obligaba el código Hays a las películas de Hollywood a mediados del siglo pasado. Pero el triunfo de la Ley sería completo si su efecto ejemplarizante consiguiera disminuir el número de delitos de lesa civilidad, cuando lo que ocurre es justamente lo contrario. ¿Por qué? No es preciso mirar hacia la Italia de Berlusconi para buscar la explicación que podemos encontrar en nuestra misma casa. Creo que es una auténtica tragedia la convivencia indiferente con el delito, sin que haya que acudir a los demoledores informes de la ONG "Transparency International" para percibirnos a nosotros mismos como uno de los países más corruptos de Europa, sencillamente porque no parece que eso nos importe demasiado. Este aletargamiento ante la corrupción diaria traduce el desarme moral de una sociedad sin recursos para afrontar unos problemas que exigen una decidida respuesta colectiva, pero desde la solidez de la conciencia ética de cada uno de sus individuos. Nuestro país, sumido en una crisis más de valores que económica, sale al campo de juego con la escasa motivación de un equipo de fútbol que tiene garantizado ya su descenso a segunda.
Las leyes no pueden dar abasto si ante las corrupciones no se ha producido el filtro de una purgación previa. Todos los gremios, profesiones y organizaciones corporativas disponen de sus mecanismos internos de depuración ante las prácticas deshonestas de una parte de sus miembros. Podríamos contar con los dedos de una mano las veces que esos mecanismos han servido para sus fines y no para los contrarios, es decir, la cobertura de los privilegios estamentales. En cada sector de la vida privada o pública se sabe perfectamente quiénes son los elementos honestos y quiénes los corruptos, ineficaces o incompetentes. Lo saben los arquitectos, los médicos, los periodistas, los jueces, los funcionarios públicos… y, por supuesto, los políticos, que deberían ser especialmente escrupulosos por la máxima repercusión social de sus actos. ¿Hay que esperar a que la burbuja de la corrupción política sea incontenible para que reviente con estruendo y tengan que abrirse sumarios con imputaciones que conllevan décadas de cárcel? Los políticos honestos ¿de veras no saben ya, desde el mismo momento en que se afilian, quiénes en sus partidos están en ellos sólo para medrar a la sombra del poder? No creo que la judicatura se haya granjeado tampoco mucha confianza últimamente por algunos escándalos corporativos; pánico da peguntarse en España quién enjuicia a los enjuiciadores, pero aún así ¿hemos de esperar a que sea la Justicia la que cargue en exclusiva con la responsabilidad de denunciar a unos desaprensivos que están consiguiendo reducir a polvo la autoestima de un país?
Esta sociedad estará gravemente enferma mientras no sea capaz de depurar a los granujas en los primeros niveles de sus delictivas trayectorias. Cuando la Justicia finalmente actúa, los que nos consideramos inocentes solemos decir: "se veía venir". Sí, se veía venir, pero todos hemos callado porque la complicidad es el sustrato de nuestro degradado biotopo social. La cobardía hace que los llamados inocentes guardemos el silencio de los corderos, pero hay que ser muy hipócrita para no considerarnos culpables también a nosotros mismos bajo nuestra esponjosa y mórbida piel de ciudadanos ovinos, amparados en la confortable docilidad del rebaño, como si los únicos responsables fueran aquellos por quienes nos hemos dejado pastorear.

7 comentarios:

Holden dijo...

Comparto su sentir, señor Salvador. Pero no todos compartimos la misma responsabilidad o culpa: resistirse al pastoreo no está siendo fácil, las heridas ya son muchas, y pocas las cicatrices. Un saludo y gracias por su magnífico artículo.

Salvador Moreno Peralta dijo...

Gracias, Holden, como siempre. De nada sirven los jueces si antes no nos hemos puesto el filtro previo de una alemental decencia personal. Eso es lo malo: acostumbrarse a convivir con la basura.¡Qué difícil va a ser erradicar eso de las entrañas del cuerpo social! Y qué difícil resistirse al desánimo.
Un saludo afectuoso.

gustavo dijo...

Os envío este escrito por si os parece oportuno remitirlo masivamente al Consejo General del Poder Judicial en el marco de una amplia movilización cívica.

Cordiales saludos.

Carlos Jiménez Villarejo.

El correo del Consejo es webmaster@cgpj.es



Escrito dirigido al Presidente del Consejo General del Poder Judicial

Sr. Presidente y Consejeros del Consejo General del Poder Judicial.
Ante la noticia de que en fecha próxima han de resolver sobre la “suspensión de funciones” del magistrado D. Baltasar Garzón por razón los procedimientos judiciales incoados contra el mismo por el Tribunal Supremo, como ciudadano de un Estado Democrático de derecho y en el ejercicio del derecho de petición, reconocido en el Art. 29 de la Constitución y desarrollado por la L.O. 4/2001,solicito de Vds. con el respeto debido pero también con la máxima energía, que no acuerden dicha suspensión de conformidad con las fundadas razones de la Fiscalía General del Estado. En caso contrario, la decisión causaría un gravísimo perjuicio al principio constitucional de independencia judicial y a los valores democráticos constitucionales. Atentamente.

Salvador Moreno Peralta dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Salvador Moreno Peralta dijo...

Gustavo: a mí SÍ me parece oportuno enviar este escrito al CGPJ. Podemos estar en desacuerdo con muchos aspectos de la actividad de Garzón, y seguramente los juristas podrán enjuiciar con toda precisión los fallos que el juez ha cometido en sus instrucciones. Incluso puede parecer más que evidente su tendencia irreprimible hacia el estrellato. Dicho esto, los arabescos jurídicos esgrimidos para sentar a Garzón en el banquillo, puestos en la balanza junto a los casos que este juez se ha atrevido a afrontar (ETA, Pinochet,etc) que han requerido de él un enorme arrojo, una vida secuestrada por la amenaza del atentado, sin olvidar el enorme prestigio internacional que sus iniciativas han procurado a la Justicia española (por cierto, tan necesitada de ello) hace que la posibilidad misma de ser represaliado resulte una absoluta aberración. Creo- y no exagero de una manera tremendista- que si esto sucede se nos puede colar por las rendijas del sistema el gas letal del fascismo que creíamos enterrado. De todas maneras he de decir que, estando de acuerdo con la Ley de la Memoria Histórica, las alegrías con la que se estaba aplicando confiaban demasiado en que el fascismo estába muerto. Pues bien, he ahí un error de cálculo, porque los que han aplicado la Ley de la Memoria Histórica se han caracterizado, precisa y paradójicamente, por NO TENER ESA MEMORIA HISTÓRICA, de ahí que hayan propiciado la aparición de estos "brotes negros". En resumen, que como digo en mi artículo y subraya Gustavo con su iniciativa, deberíamos abandonar el silencio de los corderos e intentar parar esto.

16 de abril de 2010 10:19

gustavo dijo...

http://spanish.larouchepac.com/news/2009/10/24/hagamos-del-plan-larouche-para-salvar-la-econom-mundial-el-c.html
http://www.leap2020.eu/Contenidos_r55.html
http://prensaextranjera.rebeliondigital.es/La_gran_estafa_del_Calentamiento_Global.htm

gustavo dijo...

El "Síndrome Santander": la pesca de incautos de Londres
Increase Decrease16 de febrero de 2010 (LPAC).— El siguiente artículo aparece en el número del 12 de febrero de Executive Intelligence Review

El "Síndrome Santander": la pesca de incautos de Londres

por Dennis Small

"Un gran fraude está definiendo las relaciones internacionales, incluyendo las relaciones de Rusia con Estados Unidos, del cual tengo algún conocimiento particular" dijo el principal economista internacional Lyndon LaRouche el 6 de febrero. "Lo que está sucediendo ahora, es que han inducido a los rusos a que crean que hay una enorme canasta de dinero internacional, con centro en instituciones como el banco español, Banco Santander,


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Para continuar lectura
http://espanol.larouchepac.com/news/2010/02/16/el-s-ndrome-santander-la-pesca-de-incautos-de-londres.html